Resolución de conflictos de manera respetuosa

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Resolución de conflictos de manera respetuosa

Resolución de conflictos de manera respetuosa

¿Cómo resolver los conflictos de manera respetuosa?

Cuando cayó en mis manos un libro de Rosa Jové, empecé a entender que el castigo no era la mejor manera de resolver una situación entre dos niño/as que están teniendo un conflicto. Por aquel entonces aún no me había iniciado en la disciplina positiva, pero fue en ese momento cuando empecé a ver que mi papel en los conflictos infantiles podía ser distinto.

Es muy difícil pararse a hablar con el niño/a que “siempre pega” o que “siempre molesta” para ver qué tiene que decirnos o qué siente ante una situación en la que ya de antemano le hemos puesto la etiqueta de culpable. Es difícil porque a veces estamos cansaos de que se repitan una y otra vez las mismas escenas y acabamos cortando por lo sano: ¡Tú, castigado! ¡No se pega!

Como maestra en un aula de 25 niños, entiendo que podamos caer en esto. No somos perfectos, no siempre tenemos la misma energía para escuchar, a veces tampoco las herramientas, también nosotros nos enfadamos…Pero tristemente estos castigos, si bien te dan tregua como adulto porque se acaba el desorden, el ruido, el problema (en ese preciso instante, pues puede volver a ocurrir lo mismo a los diez minutos), al niño no le enseña nada, y además se siente incomprendido y no escuchado. Siente que no se le está teniendo en cuenta. Y… ¿sabéis qué? Que mañana vuelve a pasar lo mismo, y pasado, y al otro…

Como para todo en la vida, no hay fórmula mágica para absolutamente nada. Lo que escribo aquí es fruto de mis lecturas, de mi formación, de lo que aprendo en la escuela de mi hijo y de mi experiencia personal en casa y en el aula (con mis aciertos y mis errores, y mis ganas de seguir intentándolo).

Cuando hablo de conflicto me refiero a una situación que se da entre dos o más partes

¿Qué podemos hacer?

-No intervenir

Parece una locura, ¿no? Pues si estás observando una situación de enfrentamiento en la que no hay agresión ni verbal ni física, lo mejor es esperar. A veces ellos pueden resolverlo por sí mismos, especialmente si poco a poco van adquiriendo estas habilidades.

Algunas veces viene una de las partes a quejarse de algún comportamiento de otro compañero. Por ejemplo, “es que Antonio me ha dicho tonto”. Yo siempre le pregunto: ¿cómo te sientes al respecto? o “no te ha gustado, ¿no?”. Me responde que no. “¿Le has dicho que no te ha gustado?”. Que el niño aprenda a poner palabras a lo que siente, a decir “no me gusta lo que me has dicho”, “no quiero que me digas más eso” es el primer paso para aprender a solucionar los conflictos por sí mismo y sin acudir a la agresión.

-Intervenir

En caso de agresión física o verbal, o si los implicados están muy disgustados, intervengo.

  • Preguntar qué ha pasado y dejar que ambas partes se expresen. Algunos educadores nos saltamos este paso dándole voz sólo al que creemos que ha sido tratado injustamente. Preguntarle a cada parte cómo se ha sentido.
  • Validar emociones: “entiendo que te has enfadado muchísimo porque te ha quitado el puzle sin pedírtelo prestado…”. Es importante validar las emociones de ambas partes aunque una de ellas haya hecho algo que nos resulte inaceptable (por ejemplo, pegar). Una cosa es la conducta (que posteriormente retomaremos) y otra cosa es su sentimiento, su emoción. Es importante validarla. El niño se siente acompañado, conectado, querido, a pesar de su conducta. Una cosa es que no podamos permitir que pegue, y otra es retirarle nuestro amor y atención.
  • Recordar límites: tras validar la emoción debemos recordar que hay conductas que no podemos tolerar. Por ejemplo: “Entiendo que te enfade muchísimo que te quiten el puzle sin pedírtelo prestado pero en ningún caso le hacemos daño a un compañero. No pegamos”/ ”Sé que te ha puesto muy triste que te pegue un compañero, pero sabes que no podemos coger las cosas sin permiso. La próxima vez puedes pedirlo prestado”. Cada una de las partes ve como validamos las emociones y al mismo tiempo ponemos límites. Es importante que sepan que hay unas normas que hay que cumplir para que todos podamos sentirnos bien y también que hay que ponerle límites a la otra parte (lo hacemos nosotros si es necesario, pero poco a poco iremos mostrándoles cómo poner límites desde el respeto). Estos límites les proporcionan seguridad y se sientes respaldados (en caso de que se haya sentido agredido por el otro de alguna manera).
  • A veces ambas partes llegan a un acuerdo, a una solución. Otras veces nos tocará acompañar la emoción de cada uno, o de una de las partes, y ya. Hay momentos en los que los niños necesitan que estemos con ellos, presentes, acompañándolos en su emoción. Eso es todo.

       ¿Qué no hacer?

Obligar a pedir perdón, dar un beso o abrazo…

Castigar, decirle al niño/a que se marche, negarnos a escucharlo…

Por mucho que nos cueste verlo a veces, ambas partes están afectadas. ¿Quiénes somos nosotros para decidir quién tiene que pedir perdón y quién tiene que perdonar? Además, estaríamos forzando al niño a que actuara de una manera por imposición y no por decisión propia. Nos sorprenderíamos cómo las palabras y los gestos más bonitos nacen de la espontaneidad y de la propia decisión del niño.

Irene

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