¿Dónde ponemos el foco?

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¿Dónde ponemos el foco?

¿Dónde ponemos el foco?

A las familias y educadores tradicionalmente se nos ha enseñado que cuando nos enfrentábamos a una situación difícil en la que estaba implicado/a un niño/a (o algo nos pasaba con él o ella) había que hacer algo para que esa actitud, ese comportamiento, ese sentir del niño/a cambiase. Bajo el punto de vista de la disciplina positiva, el comportamiento del niño/a es como un iceberg: sólo vemos la punta, pero debajo hay mucho más. Debajo de un mal comportamiento, como solemos calificarlo, o de una actitud que no comprendemos e incluso nos parece inadmisible hay muchas cosas: una necesidad no cubierta, el deseo de pertenecer, de conectar con nosotros/as, una falta de habilidades, un comportamiento típico de su momento evolutivo…

En resumen: un niño/a que se porta mal es un niño que se siente mal. ¿Y de dónde hemos sacado la loca idea de que para que los niños se porten bien primero deben sentirse mal? (Jane Nelsen).

Además de la metáfora del iceberg que nos parece muy apropiada para describir esta idea, la disciplina positiva viene a decirnos algo nuevo: no pongas el foco en el niño/a, pon el foco en ti. ¿De verdad es el niño/a el que tiene que cambiar o puedes hacer algo tú para que la situación cambie?

Esto, aunque suene extraño, resulta muy liberador. Muchas veces nosotros/as tenemos algo que ver en lo que está pasando (otras veces no, no queremos decir que esto sea así siempre). Podemos empezar a soltar y dejar de pensar que nuestros hijos/as son culpables de todo y que hay algo malo en ello/as y responsabilizarnos de lo que podemos hacer nosotros cuando se da una situación que no nos es agradable. Por ejemplo, ante una rabieta, podemos intentar gestionar nuestras emociones para acompañar las suyas, ya que ellos/as aún no saben cómo hacerlo y están aprendiendo de nosotros, en lugar de entrar en luchas de poder. Podemos tomar decisiones respecto a qué hacer en ciertos momentos en lugar de decidir qué tienen que hacer ellos/as. Si nuestro hijo/a nos hace algo que no nos gusta, podemos avisarle de que nos vamos a retirar a otro espacio para estar más tranquilos antes de explotar en lugar de sugerirles a ellos/as que se vayan a otro lugar de malas formas. Estas decisiones son respetuosas para toda la familia y nos implican a todos/as, no sólo a los niños/as.

Estos son ejemplos de situaciones que se pueden dar o no, y de decisiones que algunas personas tomarían y otras no. Cada familia es distinta y tiene diferentes necesidades. Entendemos que hay que equilibrar las necesidades de todos/as, las de los niños/as y las de los adultos/as para que podamos estar en un ambiente agradable. Lo que queremos transmitir es que si ponemos el foco también en nosotros, si nos miramos por dentro, descubriremos que podemos hacer pequeños cambios para que la conexión con nuestros hijos/as sea mayor y nos será más fácil entenderlos y ponernos en su lugar.

Irene

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